jueves, 6 de marzo de 2014


          Cuando inicie este blog, hace unos meses, mi intención era, como lo ha sido desde
hace mas de Cuarenta años, dedicarlo a mostrar el folklore de Veracruz y a conocer
  y aprender a ejecutarlo,
     Pero despues de haber visitado Veracruz y la Ciudad de México así como Pachuca
en el Estado de Hidalgo, creo que voy a poner algo más, tratando de poner en palabras lo que este reencuentro ha significado y el impacto tan emotivo que ha sido regresar a mis orígenes.
     Me gustaría escribir una especie de biografía y titularla por ejemplo "La vida errante de
     un emigrante" o algo así. ya que pensándolo bien, mi vida como emigrante comenzó a muy
     temprana edad. El primer viaje fuera del pueblo natal Alvarado fue hacia el puerto de Veracruz.
     Y aquí tengo que recordar a mi padre Don Ciro Hernández Santiago y desde luego a mi madre
     Doña Mercedes Delgado Zamudio, ambos originarios de Alvarado Veracruz.
          Mi padre fue un hombre no muy común en su tiempo, ni en este, por múltiples razones.
     siendo el mayor de una familia numerosa, se hecho a cuestas desde muy pequeño la tarea de ayudar a sus padres en el sostenimiento de sus hermanos menores, utilizando
los medios disponibles para un niño de cuarto año de primaria, que se vio obligado a
suspender sus estudios para poder ayudar  a sus padres.
Hasta aquí  me parece que esta historia va estar bastante larga, pero creo que será interesante
no sólo para recordar, que será casi volver a vivir, si no para hacer recordar a otros su niñez, su juventud y sus andanzas por la vida, que además de ser similares nos ayudarán a comprender
 un poco más nuestra actual manera de vivir.
          Volviendo a la historia, decía que mi padre, entre vender dulces en la calle, lustrar zapatos
en el zócalo o en las oficinas de los negocios, tiendas y las recientes y flamantes oficinas de la terminal de ferrocarril de Veracruz  a Alvarado, se daba tiempo para leer cuánto libro caí en sus manos, que fue un hábito que cultivó toda su vida y que lo convirtió a la larga en un ser humano
no muy común.

          Su carácter alegre y bromista y su deseo de superación le hicieron llamar la atención de los empleados de la estación del ferrocarril, que pronto lo empezaron a ocupar, no sólo para que limpiara sus zapatos o comprándole dulces y golosinas hechas por su madre mi querida abuela Doña Martina Santiago.si no dándole tareas propias de una estación de ferrocarril, primero de limpieza y después de mensajero, hasta que fue recomendado para formar parte del personal cuando apenas había cumplido 14 o 15 años de edad. Este hecho marco su vida para siempre. Los ferrocarriles se convertirian en su realización.
          Mi madre Doña Mercedes Delgado Zamudio, nació en el seno de una familia de un nivel económico y social diferente al de mi padre, lo que no fue obstáculo para que mi padre a 
pesar de los pleitos con los hermanos de ella logrará conquistarla. 
         Mi abuelo materno Don Francisco Delgado Uscanga, era propietario de una Panadería, en la calle Juárez, justo enfrente de La Cancha, que era precisamente una cancha al cruzar la calle y que 

utilizábamos todos los vecinos y gente del pueblo, la Escuela Secundaria de Alvarado para sus alumnos y todos los amante del deporte, para jugar basquetbol, tenis, o simplemente para ir a retozar  en ella.
         Cuando ya la familia había emigrado al Distrito Federal, viajábamos todas las vacaciones 
posibles, en Semana Santa, a veces en la fiestas de la Virgen del Rosario en Octubre y casi siempre en Diciembre, en un viaje  en Ferrocarril en los dormitorios Pullman, que eran todo un acontecimiento para todos y que yo disfrutaba intensamente, al grado que casi no dormía por tratar de ir observando el camino y los pueblos que íbamos pasando, y en las mañanas escuchar los pregones de los vendedores que ofrecían toda clase de comidas típicas de la región.El viaje duraba entonces doce horas. De las ocho de la noche a las ocho de la mañana del día siguiente en que llegábamos a la estación de Veracruz. Respirar y sentir el aire húmedo y cálido al mismo tiempo que empeza a sudar era una sensación de bienestar y de sentirse identificado con el clima de donde uno es originario.     

     Todavía entonces existía la línea del Ferrocarril de Veracruz a Alvarado, por cierto con unas vías 
llamadas de vía angosta y que hacían el recorrido en sólo cincuenta o 60 kilómetros en el mismo 
tiempo que hacíamos del Distrito Federal a Veracruz. Desafortunadamente poco tiempo después esta línea fue cancelada y empezaron los víajes de Veracrua a Alvarado por autobús.
        Mi hermana Mercedes, a quien todos llamabamos cariñosamente Mechita, mi hermano Carlos a
quin llamábamos Chico y yo, fuimos los pioneros de estos viajes.
        Una anecdota interesante es aquella en que viajando en el ferrocarril interoceanico (que asi denominaba a esta linea), habia otro ferrocarril de pasajeros denominator Ferrocarril Mexicano, real mente nunca entendi la diferencia entre ambas lineas. decia que en uno de los viajes fuimos parte de un accidentes ferroviario en el que salvamos la vida en forma milagrosa.
      Puedo imaginarme ahora la angustia de mi padre cuando gritaba mi nombre, buscándome desesperadamente en los húmedos terrenos cerca de donde descarrilaron y volcaron dos o tres vagones pullman en esa obscura, fría y lluviosa noche.Yo no tenía la menor idea de lo que había sucedido, sólo escuchaba medio dormido la voz de mi padre y al sentir la humedad a mi alrededor pensé, más me vale que este soñando, porque si es verdad (como pensaba) que me hice pipí en la cama, voy a recibir una buena regañada, así que por un buen rato ignore la voz de mi padre, hasta que me atreví a abrir los ojos, y entonces de veras creí que estaba soñando.